Motivos de un abatimiento

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Me manifiesto formalmente abatido tras el derby del pasado jueves en la Supercopa de España disputado en Yeda. No me duelen prendas reconocer que hacía mucho tiempo que un partido de fútbol del Atleti no me dejaba tan abatido, tan desconcertado, con tal sensación de impotencia y desamparo, por muchos y variados motivos.

En primer lugar, las circunstancias que rodearon y rodean al partido, al torneo y a su gestión y organización. Un torneo diseñado exclusivamente para que la final sea jugada (casi) siempre por Real Madrid y Barcelona. Los jeques y el petróleo “se han comprado” un Madrid – Barcelona cada año; pues ya lo tienen: las finales de los cuatro último años, incluido el actual, han sido o serán Real Madrid – Barcelona. De hecho, el contrato actual con Arabia establece que, de no participar Real Madrid y/o Barcelona, los ingresos para la Federación Española de Fútbol serían menores. Quien tenga oídos, que oiga. ¿Y los demás actores? Pues, ninguneados en el reparto económico (por poner el ejemplo de este año, 6 millones de euros fijos para Real Madrid y Barcelona, 2 para el Atlético de Madrid y apenas 850.000 para el Athletic de Bilbao), con arbitrajes, por decirlo suavemente, sibilinos y tendenciosos a favor de la final “pactada” y, lo más grave de todo, con familiares de jugadores del Mallorca acosadas e insultadas el año pasado sin que hubiese, que se sepa, ningún tipo de medida o consecuencia… por poner solo algunos ejemplos palmarios.

Y la cosa no tiene visos de mejorar; de hecho, todo lo contrario: al contrato actual para disputar la Supercopa en Arabia Saudí hasta el año 2029, se une la negociación abierta para llevarla a Qatar a partir de 2030. Mas de 50 millones de Euros para la Federación tienen la culpa.

Y la pregunta clave es: ¿por qué se prestan el resto de los clubes a participar en esta farsa? ¿Porqué no deciden dejar de presentarse a una competición que, a todas luces, está dirigida para beneficio del poder y de los dos de siempre? Porque serían sancionados, se podría argumentar. Acepto pulpo como animal de compañía. ¿Porqué no se presentan con los juveniles y/o con el mínimo de jugadores profesionales para no ser sancionados? Pues porque, si lo hace uno solo, quedaría señalado (para mal), se podría seguir argumentando. También acepto pulpo. Entonces, ¿Por qué no se plantan los otros 18 equipos de Primera y, por extensión, el resto del fútbol español? Pues la única respuesta que a uno se le ocurre es que, en esto, como en tantas otras cosas, el resto de los clubes creen que es un mal menor ser humillados sistemáticamente y recibir migajas; porque entienden que la alternativa es quedarse sin nada. El ejemplo más evidente de esto son los equipos de fútbol modesto, de categorías inferiores, que reciben una parte de esa tarta que, de otra forma, no recibirían; en consecuencia, tampoco se puede contar con su apoyo para lo que debería ser “un gran plante” del fútbol nacional.

Establecido todo lo anterior, a pocos observadores objetivos (si es que hay alguno) tendría que sorprenderle que los arbitrajes estén alineados y condicionados por el fin último, por el único fin, de hecho. El (falaz) argumento de que este planteamiento contribuye a la expansión del fútbol patrio allende sus fronteras es eso, falaz; o muy inocente según quiera ver. Como queda dicho, alguien se ha comprado un partido anual Real Madrid – Barcelona y ningún obstáculo, ninguno, puede interponerse en el camino marcado. El arbitraje del jueves no fue sino una prueba más.

Y los comentarios y realización del operador televisivo que tenía en exclusiva los derechos de retransmisión de las competición en España: ni un solo comentario de la inexistente falta que provoca el primer gol del Real Madrid (fallo clamoroso de la barrera atlética mediante), ni un solo comentario sobre la criminal entrada de Gonzalo (hace no tanto, expulsaron a Sorloth en Mallorca por una jugada idéntica), ni un solo comentario sobre las repetidas entradas de Carreras merecedoras, muchas de ellas, de tarjeta amarilla, ni una sola repetición del posible penalti de Rudiger; eso sí, incontables repeticiones (acompañadas de alborozos varios) del gol de Valverde.

Y lo deportivo: un Atlético al que, dejando a un lado las caprichosas decisiones arbitrales que pudieron haber condicionado enormemente el partido, no le llegó su capacidad futbolística para derrotar a un Real Madrid muy, muy mediocre. Falta calidad. Mucha. Es lo que hay. La famosa “falta de contundensia” de Simone se traduce como falta de calidad, aunque él no pueda decirlo. Hay errores muy groseros, mucho, tanto en ataque como en defensa. Hay jugadores que jamás deberían haber vestido la camiseta del Atlético de Madrid, si la directiva y la dirección deportiva fuesen las de un club serio y no se preocupasen solamente por piscinas de olas. Hay jugadores tremendamente acomodados y escondidos bajo ese gran paraguas que es Diego Pablo Simeone. ¿Los nombres? Creo que están en la mente de todos.

Pues, con estos bueyes aramos. Perdón por el desahogo.

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