Ruben Amorim, recién destituido como entrenador del Manchester United (Foto: bbc.com)

Amorim, el último caído de una larga lista

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David Moyes, Louis van Gaal, José Mourinho, Ole Gunnar Solskjaer, Erik ten Hag y Rubén Amorim, como entrenadores permanentes; con los interinajes, más o menos prolongados, de Ryan Giggs, Michael Carrick, Ralf Rangnick y Ruud van Nistelrooy han sido los intentos del Mánchester United por mantener o volver a poner al club al nivel de éxitos que tuviese durante la longeva y gloriosa etapa de Sir Alex Ferguson.

Pero, aunque con algún pico puntual en forma de títulos o finales (dos subcampeonatos de Liga, 2017/18 con Mourinho y 2020/21con Solskjaer; dos FA Cup, en 2017/18 con Mourinho y 2022/23 con Erik ten Hag; una Community Shield en 2024 con el mismo ten Hag; un título de UEFA Europa League en 2016/17 con Mourinho y dos subcampeonatos de la misma competición en 2020/21 con Solskjaer y 2024/25 con Rubén Amorim), el aroma de mediocridad que ha dejado el equipo en los últimos 12 o 13 años hace que apenas queden ya vestigios del temido equipo que fue no hace tanto.

Y Ruben Amorim no es más que otro eslabón en esa cadena que parece estar atenazando al United: cuestionables planificaciones deportivas, sensación de ausencia de un verdadero proyecto deportivo, la permanente urgencia de la que se ha imbuido todo el fútbol inglés en los últimos años… El portugués llego a Old Trafford en noviembre de 2024 para reemplazar al (pen)último proyecto mancuniano, Erik Ten Hag, y tras los 4 partidos de interinaje de Ruud van Nistelrooy. Llegaba a Manchester con un aura de ganador, de entrenador con un planteamiento 3-4-3 muy definido y muy capaz de dotar a sus equipos de una identidad muy reconocible, características que casaban perfectamente con lo que parece necesitar el United desde hace años.

Amorim se dio a conocer al gran público por su notable trayectoria al frente del Sporting de Lisboa portugués: contratado en marzo de 2020 procedente del Braga, se coronó rápidamente como ídolo de la afición verde y blanca al alzarse con la Liga portuguesa en la campaña 2020/21 tras 19 años de sequía, título que repetiría en la temporada 2023/24. Esta capacidad para lograr títulos en un equipo no tan acostumbrado últimamente a ello, fue, además de sus rompedores planteamientos, la razón de que el Manchester se fijara en él y decidiera darle las riendas del primer equipo con la esperanza de reverdecer viejos laureles.

Pero la historia con Amorim volvió a tornarse igual que la de sus antecesores en el eléctrico banquillo en que se ha convertido Old Trafford. De hecho, peor, porque Amorim ostenta el deshonroso récord de tener el peor porcentaje de victorias de cualquier entrenador permanente del United en la era de la Premier League, apenas un 31,9 % (incrementado a un 38,1 % si consideramos todas las competiciones disputadas). Clasificado en 15ª posición de la pasada Premier League (con apenas 11 partidos ganados de 38), su único hito destacable fue llevar al equipo a la final de la pasada UEFA Europa League, que perdería en un duelo fratricida con el Tottenham.

Trató de calcar el 3-4-3 (o el 3-4-2-1) que había venido plasmando siempre en Lisboa, pero ya sea por la falta de los jugadores adecuados o por otros motivos, el equipo siempre mostró una increíble fragilidad defensiva: hasta 54 goles encajados en la pasada Premier League unidos a los 32 en los 21 partidos que se llevan disputados de la presente hablan de forma muy clara, y para mal, del desempeño defensivo del equipo. La falta de jugadores adecuados para implementar su (innegociable) sistema puede haber sido una de las causas de su corta trayectoria en el banquillo de Old Trafford; para implementar bien ese sistema, se necesita, como premisa básica, centrales con buena salida de balón y carrileros específicos y de largo recorrido. Y la plantilla del United tenía, y tiene, muchas limitaciones en ese sentido. Limitaciones que han llevado a que Amad Diallo, un extremo puro, haya sido el mejor carrilero del equipo en la época de Amorim; y limitaciones que podrían haber sido corregidas en el pasado mercado de verano, considerando que el portugués se encontró con “la plantilla hecha” a su llegada en noviembre de 2024. Pero, no… la dirección deportiva decidió invertir cerca de 250 millones de Euros en tres jugadores como Cunha, Sesko y Mbeumo, jugadores posiblemente sobre pagados y que, sobre todo, han demostrado no ser lo que el equipo (o, al menos, su entrenador) necesitaba.

Y es muy probable que, al margen de los mediocres resultados, este choque, latente por momentos, y más que patente en otros, haya sido el que ha dinamitado la relación del preparador portugués con el club mancuniano; o esa es la impresión que se percibe desde fuera. Declaraciones de hace pocos días de Amorim diciendo que “su sistema requería mucho tiempo y mucho dinero para ser implementado; y que creía que no iba a tener ni uno ni otro” y que “había sido contratado como mánager y no sólo como entrenador” revelan una falta de alineamiento total entre banquillo y responsables ejecutivos y son muestra de una clara fractura entre ambas instancias que no podía conducir a nada bueno.

Visto el panorama, de Amorim, y de los últimos 12 años desde la salida de Ferguson, bien haría el Manchester United en encontrar un director deportivo solvente, diseñar un proyecto a medio/largo plazo, buscar el entrenador adecuado para el mismo, fichar jugadores alineados con este entrenador y el citado proyecto… y dejarles trabajar sin prisas, soslayando los (irregulares) resultados que puedan producirse en los primeros meses o, incluso, algún que otro año. Porque demostrado está que no se trata, o no se trata “solo”, de contratar entrenadores de prestigio (poco más se puede tener que Mourinho o Louis van Gaal, por citar solo dos ejemplos) o invertir millones y millones sin criterio alguno. Los resultados de estas erráticas políticas, a la vista están.

Nota: escrito para @VAVELesp: Ruben Amorim, el último caído de una larga lista – VAVEL España

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