Apollo entra en el capital del Atlético de Madrid (Foto: azarplus.com)

Fútbol S.A.: Cuando el deporte se convierte en negocio

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En un mundo cada vez más mercantilizado, en un mundo en el que solo importa conseguir objetivos y márgenes económicos, en un mundo donde se aplica a la perfección aquello de “lo que no son cuentas, son cuentos”, el mundo del deporte y, en concreto, el del fútbol no podía ser ajeno a ello. En un mundo, éste del fútbol, en el que la mayoría de sus dirigentes abogan por este modelo mercantilista – ya lo dijo, ya hace ya varios años Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid: “El sentimiento en el fútbol se debe perder” – el aficionado o hincha “de verdad”, que debería el mayor protagonista y el centro de todo, es el que más (o el único que) pierde; esto genera unas notables dosis de desencanto y desafección que solo son paliadas por el bendito y, muchas veces, irracional amor a los colores.

Y, para demostrar este planteamiento con hechos, basta fijarse en algunas cuestiones que han venido sucediendo en estos últimos meses:

Siguiendo la estela de otros muchos clubes europeos y hablando del propio Atlético de Madrid, se conoció hace pocas semanas la irrupción en su accionariado, y además como accionista principal, del grupo Apollo, fondo de capital privado estadounidense que gestiona cerca de 840.000 millones de dólares en activos. Este tipo de fondos de inversión tienen como modus operandi habitual invertir en empresas a las que le ven un cierto potencial, sacar un rendimiento económico más o menos rápido (5 a 7 años) para deshacerse después de su participación. Esto plantea varias cuestiones, algunas de respuesta bastante obvia, al aficionado al fútbol; en el caso que nos ocupa, al del Atlético de Madrid. ¿Es “aconsejable” tener como accionista mayoritario del club a un grupo cuyos intereses están absolutamente alejados de lo que es la grada, de lo que es el césped y de todo aquello que, de verdad, le importa al aficionado? ¿Será rentable para el fondo de inversión invertir en jugadores y en la mejora deportiva del equipo que es, otra vez, lo que de verdad importa al aficionado? ¿Le interesa al aficionado medio ese modelo americanizado de gestión de clubes ¿deportivos? basado en la explotación comercial de los recintos deportivos si la posible rentabilidad obtenida no se traduce en inversiones en el plano deportivo? Aún suponiendo que Apollo, en el caso que nos ocupa, apueste de forma clara por la mejora deportiva del equipo, ¿qué ocurrirá en el caso de que, a medio plazo, en unos pocos años, decidan desinvertir su participación en el Atlético de Madrid? Como queda dicho, la respuesta a algunas de estas cuestiones es obvia pero también bastante preocupante.

Otro ejemplo bastante flagrante lo tenemos en el cambio de modelo que está experimentando el fútbol inglés en los últimos dos años, especialmente. Y basten dos ejemplos para ello:

  • Hasta la temporada 2023/24, las eliminatorias de Copa inglesa (recordemos siempre a partido único) que acababan en empate iban a un replay a celebrarse algunos días más tarde en casa del equipo visitante; desde el pasado año, las eliminatorias se resuelven en el mismo día, con prórroga y penaltis, si es necesario. Este cambio viene motivado, probablemente, por el hecho de que las competiciones domésticas tienen cada vez menos hueco en el calendario, en beneficio de las competiciones europeas, que generan un mucho mayor rédito económico. Por poner solo un ejemplo, hasta esa temporada 2023/24, los finalistas de la Champions disputaban un total de 13 partidos en esta competición mientras que, a partir de la 2024/25, disputan 15 o 17, en función de si deben jugar o no la ronda eliminatoria previa que actualmente hay entre la liguilla de 36 y los octavos de final.
  • Otro ejemplo, aún más flagrante, es la cancelación, al menos este año, del Boxing Day, una de las mayores tradiciones dentro del mundo del fútbol con más de 160 años de historia. Este año, el 26 de diciembre, se disputará únicamente un partido (Manchester United – Newcastle) cuando tradicionalmente se disputaba el grueso de la jornada en lo que era un día de marcado sentido social y familiar. Por estas cosas del fútbol moderno, murió aquella teoría de acumular varias jornadas de Premier durante el parón escolar navideño “para que los niños pudiesen ir al fútbol y aficionarse al mismo” en favor de la que dice que “dado el incremento de partidos de competiciones europeas, hay que reducir la saturación de partidos en Navidad para preservar la salud de los jugadores”. Otro motivo de esta supresión parece estar en el hecho de que a las televisiones les resulta menos rentable que la jornada se dispute en viernes si se puede disputar entre el sábado y el domingo. En ambos casos, otra vez, el dinero. La Premier League ha prometido recuperarlo para la temporada 2026/27 pero, claro, hay que tener en cuenta que el año que viene el 26 de diciembre caerá en sábado.

Y un último ejemplo de los numerosos que podríamos encontrar es el cada vez más incomprensible y tendencioso (a favor de los grandes) formato de la Copa del Rey española. Disputada desde hace unos años a partido único hasta semifinales en casa del equipo de menor categoría, en lo que es un gran acierto (y más lo sería si también las semifinales siguiesen el mismo planteamiento), se han venido introduciendo, con los años, varias modificaciones que solo afectan a los poderosos. Hace ya algunos años que los equipos participantes en la Supercopa de España están exentos de las dos primeras rondas (¿porqué?). Pero es que, además, este año, los cuatro equipos participantes en la citada Supercopa (Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid y Athletic de Bilbao) tienen la prebenda añadida de disputar dieciseisavos y octavos de final contra equipos de inferior categoría, evitando cualquier rastro de un sorteo puro. Cierto es que este año las sorpresas han sido abundantes y hasta 9 equipos de primera división han caído antes de la ronda de dieciseisavos; pero no es menos cierto que, con esta última modificación, los cuatro participantes en la Supercopa pueden plantarse en semifinales habiendo eliminado, tan solo y como mucho, a un equipo de la máxima categoría. ¿Otra vez el dinero y el deseo o necesidad de que los poderosos lleguen a semifinales y generar, así, más ingresos por televisión?

Todo esto por no hablar de Supercopas nacionales disputadas fuera de las fronteras de los respectivos países y sí en otros con escasa tradición futbolística, pero con una notable cantidad de dinero. Siempre el cochino dinero. ¿Y el aficionado? Pues eso…

Escrito para @VAVELesp: Fútbol S.A.: cuando el deporte se convierte en negocio – VAVEL España

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