Arsenal, un equipo asintótico

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Para los que amamos las matemáticas, una asíntota es una línea recta a la cual se aproxima una función sin llegar jamás a tocarla (o a hacerlo en el infinito). Pues bien, la trayectoria reciente del Arsenal y los títulos (sobre todo, el de la Premier) es una cuestión absolutamente asintótica: se acerca, se acerca, se acerca… pero nunca consigue llegar a ello.

En un club caracterizado, afortunadamente, por su apuesta por los proyectos y la estabilidad de los entrenadores (hasta 22 años ocupó Wenger el banquillo gunner), Mikel Arteta reemplazó a Unai Emery en diciembre de 2019. El llamado ‘discípulo de Guardiola’ asumió las riendas de un club con un objetivo claro: volver a ganar títulos. Empezó un proceso de reconstrucción, de elaborar un equipo, de construir un proyecto; y “la cosa”, después de mucha irregularidad, ha parecido ir mejorando: dos octavos puestos, un quinto, y después, segundo, segundo, segundo, segundo… está ahí, se acerca, pero la realidad se está mostrando tozuda, muy tozuda… da la sensación de estar siempre ahí, pero de nunca llegar. Y el sábado fue solo fue una muesca más en esa historia… esta campaña, en concreto, el Arsenal ha llegado a tener 12 puntos de ventaja sobre sus máximos perseguidores, sobre el City, en concreto… pero, al final, quedan cinco jornadas, cinco partidos… y Arsenal y City están igualados a puntos y a diferencia de goles. Y con la sensación de que el City va hacia arriba, como casi siempre en abril-mayo y el Arsenal, hacia abajo, también como casi siempre en abril-mayo.

Aunque no es un término que uno adore, dicen muchos que el Arsenal “pechofría” a final de temporada, cuando se acerca lo importante de verdad; y, aunque a uno no le guste el término, es cierto que el bajón de rendimiento o la comparativa entre cómo empieza el equipo londinense las temporadas y cómo las termina es digna de estudio. Poniéndolo en “términos Atlético de Madrid” y la semifinal de Champions que se dirimirá en las dos próximas semanas, el Arsenal era un equipo absolutamente inabordable en Octubre – de hecho, le ganó 4 a 0 al Atlético en el Emirates – y hoy parece que el Atlético tiene opciones de plantarse en la final de la Champions, cosa inimaginable hace 4 o 5 meses.

Volviendo al origen, apostó la directiva gunner por Arteta con el objetivo de crear un proyecto, de establecer un estilo y una línea de juego, pero, sobre todo, para que esa estabilidad y ese juego llevasen al equipo a reverdecer los laureles de Wenger y a lograr el fin último de este juego: ganar. Pero, pese a esa identidad perfectamente construida y ese acercarse y acercarse al título de Premier, la línea sigue pareciendo totalmente asintótica: apenas una FA Cup (2019/20) y dos Community Shield (2020 y 2023) perecen muy poco bagaje para un equipo destinado a cotas mayores.

Y no será por falta de estabilidad en el banquillo (como queda reflejado, Arteta lleva en el banquillo del Emirates desde 2019) o falta de inversión en buenos jugadores que han cambiado totalmente la cara del equipo en los últimos 6 o 7 años: Pepé, Saliba y Kieran Tierney en 2020; Thomas Partey y Gabril en 2021; Ben White, Odegaard y Aaron Ramsdaled en 2002; Gabriel Jesús, Fabio Vieira, Zinchenko. Trossard y Kiwior en 2023; Declan Rice (117 millones de Euros!!), Kai Havertz y Jurrien Timber en 2024; calafioro, Mikel merino y David Raya en 2025 y… para poner la guinda a una inversión sin precedentes y que no habría de tener excusas… Zubimendi, Eze, Gyokeres, Madueke, Mosquera… en esta última campaña.

Viktor Gyokeres, una de las grandes apuestas del Arsenal el verano pasado (Foto: ladoblec.com)

Pareciera que la directiva gunner le está dando a Mikel Arteta todo (y más) lo que está pidiendo para volver a tocar la gloria en forma de título de Premier; pero también pareciera que, por un motivo u otro, el título siempre se escapa, nunca acaba de llegar. Siempre se empieza muy bien, siempre parece que el Arsenal va a arrasar, siempre acostumbra a llegar a Navidad con una notable ventaja sobre sus rivales en la Premier, siempre se dice aquello de “este año, sí”, pero el equipo siempre se acaba cayendo cuando llega marzo o abril.

¿Porqué? Explicaciones podría haber muchas … pero dos parecen las más plausibles, o una mezcla de ambas. Por un lado, pareciera un tema de mentalidad, de concienciación, de arrojo, de experiencia y de frescura mental cuando llega lo duro, cuando de verdad uno se juega los cuartos… y, por el otro, pareciera a la plantilla le faltase profundidad. Pese a las millonarias inversiones hechas, si miramos, por ejemplo, el medio campo, Zubimendi, Rice y Odegaard son indiscutibles, pero solo quedaría Merino (lesionado varios meses en esta campaña) y, tal vez, Eze como alternativas. Y si nos vamos a defensa y ataque, pareciera que no hay repuestos al nivel de Saliba o Bukayo Saka… pero, claro, tampoco se puede tener repuestos de primer nivel en todas las posiciones, por mucha inversión que uno quiera hacer.

La cuestión no parece sencilla de resolver en este mundo del fútbol que se debate entre tanta inmediatez y el famoso síndrome del YA. Y parece maravilloso que, en el propio fútbol inglés, tan dado hasta hace no tanto a la estabilidad y a los proyectos largos – costumbre que se está perdiendo -, alguien esté apostando a largo plazo por un técnico y un proyecto. Pero, supongo, que todo tiene un límite. Y o la función se cruza con su asíntota (en forma de título) o será la paciencia la que lo ponga.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVEL_esp, el pasado 24 de abril, Arsenal, un equipo asintótico – VAVEL España

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