El pasado 24 de abril de 2025, la Real Sociedad pareció cerrar un ciclo. Ese día Imanol Alguacil anunció que no continuaría esta temporada como entrenador de la Real Sociedad, a cuyo banquillo había llegado en diciembre de 2018 tras el cese de Asier Garitano (cabe decir aquí que también había entrenado al primer equipo txuri-urdin entre marzo y junio de 2018, tras la salida de Eusebio Sacristán. Venía del filial, logró unos resultados más que notables – varias clasificaciones para Europa y la Copa del Rey de 2019/20, disputada en abril de 2021, por mor del COVID, primer título de los donostiarras después de 24 años – y, sobre todo, implantó una filosofía de juego. Una filosofía de juego un tanto alejada de lo que era el estilo tradicional de la Real Sociedad, más próxima al juego británico de fútbol directo, de brega, de choque… Alguacil trató – y consiguió – de implantar un fútbol más de toque, más combinativo, más “estético”, tal vez, para algunos… Cierto es que contó, en gran parte de su etapa con un ramillete de jugadores que facilitaban este juego y que, por unas u otras razones – dinero, poderoso caballero, en su mayoría, fueron abandonando el club: Martín Zubimendi, Mikel Merino, David Silva, Martin Odegaard… Pero la apuesta estaba ahí.
Pero Alguacil renunció argumentado “desgaste personal y emocional”, “sensación de fin de ciclo”, “búsqueda de nuevos retos”. ¿Era esta la traducción políticamente correcta de que sentía que, sin los jugadores citados, nunca podría volver a llevar al equipo a las cotas que había alcanzado en años precedentes bajo su dirección? Puede que algo de eso haya, nunca lo sabremos. El caso es que la directiva de la Real Sociedad decidió “repetir la jugada” hecha con Alguacil casi 8 años atrás y promocionar a Sergio Francisco, entrenador del filial como inquilino del banquillo del primer equipo blanquiazul. Pero la jugada no salió bien, no salió como había salido con el de Orio: apenas 16 puntos en 16 jornadas, con unas estadísticas en Liga de 4 victorias, 4 empates y 8 derrotas (la mitad) y una clasificación más cercana a las posiciones de descenso que a las de la parte alta de la tabla fueron su pobre balance y el motivo de su cese el 14 de diciembre del pasado año como primer técnico realista.

Tras unos días de especulaciones sobre quién sería el nuevo técnico y, sobre todo, de la línea que adoptaría el club en lo que se refiere a la dirección técnica, la Real Sociedad anunció la contratación de un semi-desconocido para el aficionado medio: el estadounidense de origen italiano Pellegrino Matarazzo, quien firmó por un año y medio hasta el final de la campaña 2026/27. Licenciado en matemáticas por la universidad de Columbia, Matarazzo no pasó de ser un futbolista modesto – jugaba de central o pivote defensivo – que desarrollaría su carrera en Alemania, país donde comenzaría a trabajar como entrenador y donde se daría a conocer en esta faceta: Nuremberg, Hoffenheim – donde sería asistente de Nagelsmann – y Stuttgart fueron sus equipo en el país teutón.
Y el cambio ha sido radical, tanto en lo que se refiere a resultados como a la filosofía de juego. Empezando por esto último, Matarazzo está tratando de implementar, en el apenas mes y medio que lleva como entrenador en San Sebastián un estilo de juego mucho más pragmático que el de sus predecesores en el cargo: donde Imanol Alguacil (y, en menor medida, Sergio Francisco) apostaba por un juego de toque, de largas posesiones, de “acumulación” de balón, el estadounidense apuesta por un juego mucho más directo, mucho más de transiciones rápidas buscando sorprender al rival. Partiendo de un claro 4-2-3-1 como esquema de partida, con Oyarzábal como clara punta de lanza – sin querer desmerecer, ni muchísimo menos, al excelente jugador eibarrés, ¿qué hubiera sido de la Real Sociedad de los últimos años con un ´9´al uso? -, esta Real Sociedad recupera mucho la pelota en campo contrario gracias a una presión muy agresiva que trata de dificultar al máximo la salida del rival, sobre todo, tras pérdida de balón, ataca de forma mucho más directa que en épocas pretéritas, plantea transiciones rápidas buscando de forma inminente a sus hombres más adelantados… todo ello apoyado en jugadores de notable calidad de mediocampo hacia adelante: aunque, más que probablemente, no lleguen al nivel de los Merino, Zubimendi, Odegaard y compañía, el citado Oyarzábal (santo y seña del equipo y casi último bastión de la época de Alguacil), Brais Méndez, Gonzalo Guedes o Carlos Soler son un buen punto de partida para implementar esta nueva filosofía.

Y los resultados no se han hecho esperar: de la 15 ª posición en la que se encontró al equipo, Matarazzo lo ha aupado a la octava, con un balance en Liga de 4 victorias y 2 empates, pese a haberse enfrentado a Atlético de Madrid (empate en su debut), Barcelona (victoria por 2 a 1) y Athletic de Bilbao (su segundo y último empate) – aunque los vizcaínos no estén firmando su mejor campaña-, entre otros rivales; entre medias, también ha superado los octavos (frente al Osasuna por penaltis) y los cuartos de final (ante el Alavés, tras una agónica remontada en el último cuarto de hora) de la Copa del Rey, para plantarse en semifinales. Y estas semifinales frente al Athletic de Bilbao, con el partido de ida este miércoles, y la visita al Bernabéu del próximo sábado en Liga, pueden ser la “prueba del nueve” definitiva para saber si esta Real Sociedad de Matarazzo va a navegar el resto de la temporada en la zona intermedia de la tabla y en “aguas tranquilas” o si, por el contrario, puede aspirar nuevamente a competir en Europa la próxima campaña – tres puntos le separan actualmente de este reto -.
Como en (casi) todo en esta vida y, en concreto, en este mundo del fútbol, solo el tiempo dictará sentencia, pero no cabe duda de que la irrupción de Pellegrino Matarazzo – nombrado entrenador de La Liga el pasado mes de enero – ha supuesto un cambio radical en esta Real Sociedad.
NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVELesp el pasado 10 de febrero: Pellegrino Matarazzo: un cambio radical en la Real Sociedad – VAVEL España