Didier Deschamps, seleccionador francés desde 2014

Francia, más pegada que juego (en teoría)

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Fue Francia, junto a México y Argentina uno de los únicos equipos que logró pleno de puntos (nueve) en la primera fase del Mundial; y a ello sumó, el pasado martes, su clasificación para los octavos de final. Y lo ha hecho, aparentemente, más que por juego, por pegada. Y esto es algo que ya se viene repitiendo en las últimas competiciones internacionales. Se acusa a Didier Deschamps de ser un técnico “demasiado” pragmático, de que, con los jugadores que tiene, debería hacer lo que algunos entienden por un juego más “vistoso”. Pudiera ser… pero los resultados ahí están: campeona y subcampeona del mundo en 2018 y 2022, respectivamente, además del trofeo de la Liga de Naciones 2021. Y, por si cupiese alguna duda, recalcar el hecho de que el pragmatismo no tiene porqué ser un hecho negativo; de hecho, muchas veces, es todo lo contrario.

Yendo a analizar en detalle este pragmatismo del que es “acusado” Deschamps o las razones del mismo, podemos concluir que, tal vez, se deba al tipo de jugadores de los que dispone. Deschamps toma las riendas del combinado nacional en julio de 2012, reemplazando a Laurent Blanc tras la eliminación del equipo galo en los cuartos de final de la Eurocopa 2012 a manos de España. Y, aunque comienza aplicando un sistema 4-4-2 en el Mundial ‘2014 y en la Eurocopa ‘2016, ya en el Mundial ‘2018 (en el que la selección gala se alza con el título), muta ese sistema al 4-3-3 (o 4-2-3-1 en función de los partidos o los jugadores concretos que tuviera en cada momento sobre el terreno de juego) que le viene acompañado hasta hoy. Pero se ha mantenido con alguna variación o evolución: lo que empezó siendo un 4-3-3 puro con tres centrocampistas, se ha ido transformando en casi en un 4-2-4. La clave de este cambio: el perfil del teórico tercer centrocampista o mediapunta. Desde el citado Mundial de 2018 y hasta su retirada de la selección en septiembre de 2024, esa posición venía siendo ocupada por Antoine Griezmann, un futbolista que despuntó como extremo en la Real Sociedad, pasó a ser un delantero completísimo en el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone y, según fue acumulando años y conocimiento del juego, fue retrasando su zona de influencia en el terreno de juego hasta convertirse, en muchos momentos de los partidos en un conductor de juego.

Kylian Mbappé, celebrando uno de los seis goles que ha anotado hasta el momento en este Mundial ‘2026

Pero ese perfil de futbolista no existe actualmente en Francia y un entrenador debe saber sacar el máximo partido de los jugadores de que dispone, tanto en el aspecto individual como en el colectivo, entendiéndose por esto último crear un esquema, un entorno donde todos puedan explotar al máximo sus características individuales. Y la realidad de la selección francesa de hoy es que es un combinado con una defensa notable, aunque, en los laterales, Jules Koundé no haya hecho su mejor temporada y Theo Hernández haya destacado siempre en ataque pero también haya dejado siempre muchas dudas a la hora de defender su espalda; sin embargo, todo esto queda en gran medida compensado con una excelente pareja de centrales, Dayot Upamecano y William Saliba (posiblemente, el mejor central del mundo a día de hoy), con Maxence Lacroix e Ibrahima Konaté, aunque este último tampoco haya hecho su mejor temporada, como repuestos de lujo.

Yendo al mediocampo y a la delantera, lo primero que llama la atención es que Didier Deschamps únicamente haya convocado a cinco jugadores (Aurelien Tchouameni, N´Golo Kanté – , excepcional jugador, pero ya con 35 años y fuera ya desde hace tres de Ligas de primer nivel -,  Manu Kone, Warren Zaire-Emery y Adrien Rabiot) para los teóricos dos o tres puestos del mediocampo y ninguno de ellos con un perfil puramente creativo y organizativo; y hasta a nueve jugadores de ataque para 4 posiciones (que pudieran llegar a ser tres según el contexto de los partidos): Maghnes Akliouche, Bradley Barcola, Rayan Cherki, Ousmane Dembelé, Desire Doué, Jean-Philippe Mateta, Kylian Mbappe, Michael Olise y Marcus Thuram.

Y, ahondando en la teoría del sobreexceso, cabe indicar que Hugo Ekitiké, por lesión, y hasta Randal Kolo Muani se han quedado fuera de esta lista; en el caso de este último, tal vez, porque Deschamps ha preferido el perfil de Mateta, un ‘9’ más puro, un jugador con más capacidad de fijar centrales y que muy bien podría desempeñar el rol que desempeñaba Alain Giroud hasta su retirada de la selección: ese perfil de delantero de referencia que, aunque diese la impresión de ser tosco, siempre parecía mejorar notablemente el juego de ataque de los franceses.

A esta estructura de convocatoria han contribuido dos cosas: por una parte, la ausencia actual de jugadores “de nivel” en mediocampo, especialmente, si lo comparamos con otras zonas del campo: si echamos la vista unos años atrás, por unas u otras razones, se han ido marchando jugadores como Pogba (lesiones y sanción por dopaje), Tolisso y Lemar (muy, muy lejos de su mejor nivel), Matuidi (retirado) o el citado Griezmann y no ha habido un recambio generacional a la altura (de hecho, Eduardo Camavinga, una de las grandes promesas del fútbol francés hace unos años no ha sido ni convocado). Y, por otro, la acumulación, el sobreexceso de jugadores de calidad que tiene Francia en el ataque ha hecho que Deschamps opte “sin ningún tipo de careta” por incorporar un delantero puro más en esa supuesta posición de tercer centrocampista o de ‘enganche’, en la ‘posición Griezmann’

Y, como consecuencia de todo lo anterior, esta Francia no brilla especialmente en la elaboración del juego, pero, como contrapartida, tiene una capacidad fastuosa para generar oportunidades de gol “de la nada”. Y esto, en un Mundial con un nivel bastante mediocre a nivel de equipos y que parece estar decidiéndose por los estados de forma de ‘las estrellas’ (Messi, Mbappé, Haaland, Vinicius…) no tiene precio. Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿no será ese pragmatismo del que algunos parecen querer acusar a Didier Deschamps algo perfectamente estudiado? ¿No será que, pese a que muchos dicen que podría “jugar mejor”, esta es la forma de juego que mejor se adapta a las características de los recursos de que dispone y la que consigue mejores resultados?

La selección francesa, celebrando un gol frente a Suecia en dieciseisavos de final

Y una última cuestión para la que es para muchos la máxima favorita para alzarse con el título continental: ¿sufriría esta Francia si un rival se le adelanta en el marcador y se le cierra (más)?

Ítem más: Esta forma de juego sería muy difícil de mantener en el fútbol moderno con cuatro hombres puros de ataque que no tuviesen capacidad de sacrificio en defensa; imposible, de hecho. Y aunque, obviamente, no sea su mayor virtud, hombres como Doué o Barcola están muy acostumbrados a ello por el estilo de juego que impone Luis Enrique en el PSG e, incluso, Michael Olise tiene una capacidad defensiva más que aceptable para ser un jugador eminentemente creativo.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVEL_esp, Francia, más pegada que juego (en teoría) – VAVEL España

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