Foto: sport.es

Sobre la Copa del Mundo de USA, México y Canadá

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La vigésimo tercera Copa del Mundo de fútbol, el acontecimiento más grande de este deporte que, por un mes (más en este caso), volverá a paralizar o, al menos a mediatizar enormemente el planeta fútbol, arrancó el pasado jueves. Es un Mundial “extraño” desde varios puntos de vista:

El número de equipos

Es el primer Mundial con 48 equipos, aumentando los 32 que venían participando desde Francia ’98. Desde la FIFA, organizadora del torneo, se argumenta que se trata de universalizar el fútbol y dar la opción a países más humildes, futbolísticamente hablando, de participar en un evento de esta magnitud; pero no puede dejar de sobrevolar la idea de que, en realidad, se hace en aras del negocio: más partidos, más jornadas, más ingresos por derechos televisivos y otros conceptos… Sin embargo, esto también tiene su contrapartida: incluso en un Mundial con 32 equipos, había altas probabilidades de que hubiera enfrentamientos muy atractivos desde la fase de grupos; en un Mundial con 48, existen escasos partidos “de verdadero interés” para el aficionado medio, aunque es cierto que el verdadero aficionado tratará de aprovechar y exprimir al máximo un acontecimiento único que solo se celebra cada cuatro años. ¿Y se plantea ya la opción de un Mundial de 64 selecciones para próximas ediciones?

Los vetos migratorios

Las polémicas con la administración y el gobierno de los Estados Unidos, país donde se disputarán la mayoría de los encuentros (78 de un total de 104), por la prohibición, o altas limitaciones, de entrada al país de aficionados de diferentes nacionalidades; incluso, estas limitaciones o prohibiciones han llegado a jugadores (la selección iraní ha tenido que trasladar su campo base a México y solo le está permitida su entrada a los Estados Unidos para la disputa de sus partidos) y árbitros (a Omar Artan, considerado el mejor árbitro de África y que iba a convertirse en el primer somalí en arbitrar en un Mundial, se le ha prohibido la entrada al país). Esto choca completamente con las manifestaciones de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, meses atrás, afirmando que el Mundial ‘2026 sería “el más abierto de la historia y que no habría ningún tipo de limitación para el disfrute de aficionados, jugadores y técnicos”. Otra vez, la idea del negocio y el dinero pareciera estar detrás de esta decisión de adjudicar este Mundial. Cierto es que los vetos migratorios no se podían adivinar tan intensos en el momento de la adjudicación del Mundial y que, una vez adjudicado, es (casi) imposible, salvo causas MUY de fuerza mayor, revocar la asignación, pero no es menos cierto que el hecho de que la FIFA proyecte unas ganancias históricas de 9.000 millones de Euros dejan cierto margen al debate. Otras designaciones como la de Qatar en 2022 o la de Arabia Saudí para 2034 han provocado, asimismo, numerosas reacciones argumentando que el dinero se había puesto, una vez más, por delante de los derechos humanos de numerosos colectivos.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA (Foto: cnn.com)

La temporalidad de los Mundiales y los calendarios

Aunque no sea un tema estricto de este Mundial de USA, México y Canadá, algunas circunstancias están provocando que, desde algunos sectores, se empiece a debatir la idoneidad de algo que siempre pareció impuesto “por decreto” o por tradición: la celebración de las Copas del Mundo de fútbol en junio/julio, coincidiendo con la finalización de las más importantes y mediáticas Ligas europeas. Este debate comenzó a germinar tras la disputa del Mundial de Qatar 2022, que se disputó entre noviembre y diciembre por mor de las altas temperaturas que se alcanzarían en Oriente Medio en los meses de verano (la lógica dice que Arabia Saudí ‘2034 repetirá el esquema temporal). Sin embargo, la notabilísima calidad futbolística del Mundial de Qatar si lo comparamos, por ejemplo, con su inmediato predecesor, Rusia ‘2018, hizo que muchos se empezaran a plantear si, en aras del espectáculo y de dar mayor realce a la cita futbolística más importante del planeta, no sería conveniente cambiar la temporalidad de los Mundiales y disputarlos siempre entre noviembre y diciembre, cuando la mayoría de jugadores han alcanzado ya su pico de forma. Porque es más que evidente que, con la saturación de los actuales calendarios locales e internacionales de clubes, los jugadores llegan a final de temporada y a la disputa del Mundial al límite físico, perjudicando claramente su rendimiento y, por ende, al espectáculo; ello por no hablar de esa sospecha (o no tan sospecha) de que numerosos jugadores se cuidan en exceso – o, directamente, se “reservan” – con sus clubes durante la temporada precedente para no comprometer su presencia en el Mundial. Y, al margen de este último planteamiento, asoma otro, si cabe aún más preocupante y que ha tenido especial relevancia en la selección española a efectos de la convocatoria para el presente Mundial: la mayor probabilidad de lesiones y, por tanto, de potenciales ausencias en la competición, circunstancia que incide, nuevamente, en el espectáculo. Muchos jugadores, tal vez, demasiados, se han perdido el Mundial con España o han llegado “al límite”, “entre algodones” o con poco rodaje a la cita americana: Dani Carvajal, Pablo Barrios, Fabián Ruiz, Mikel Merino, Lamine Yamal, Nico Williams, Fermín López… Y aunque las circunstancias en cada caso son diferentes (Carvajal lleva toda la temporada “de lesión en lesión”, Barrios apenas ha disputado 157 minutos desde febrero, Fabián Ruiz y Mikel Merino han tenido lesiones relativamente largas durante la temporada, no necesariamente relacionadas con el cansancio físico pero, especialmente en el caso del vasco, llegan al Mundial con poco rodaje físico – aunque podría argüirse que también más descansados- … ), no deberíamos echar en saco roto el hecho de que, cuanto más al límite de su capacidad física estén los jugadores, más probabilidades hay de lesión.

Lamine Yamal y Nico Williams, celebrando un gol con la selección española (Foto: marca.com)

Y, mirando al futuro próximo y a las competiciones de clubes, especialmente las locales, vuelve a ponerse de manifiesto un tema que afecta, una vez más, a la salud de los jugadores y en la que subyace el móvil económico: el comienzo de la temporada 2026/27, especialmente en un año en el que el Mundial, por aquello de los 48 equipos, se alarga una semana más. Este Mundial terminará el 19 de julio y el comienzo de las principales Ligas europeas está previsto para el segundo fin de semana de agosto. ¿Cómo encajar las teóricas cuatro semanas de vacaciones que debieran tener los jugadores y las cuatro semanas de pretemporada que recomiendan los expertos para adaptar el cuerpo tras el descanso y, una vez más, evitar lesiones y percances? Evidentemente, imposible. Pero, claro, una vez más el tema económico y la sombra del extendido argumento de que las cadenas de televisión poseedoras de los derechos no están dispuestas a estar más de un mes sin ofrecer fútbol a sus abonados o clientes. E, insisto ¿Se plantea ya la opción de un Mundial de 64 selecciones para próximas ediciones?

Y más intereses

Y, volviendo al tema del dinero, un tema más que puede parecer más anecdótico, comparado con los anteriores, pero que no lo resulta tanto si nos paramos a pensar en las implicaciones que tiene y en que vuelve a atentar, una vez más, contra el aficionado y contra el fútbol como tal: durante el partido inaugural entre México y Sudáfrica el llamado “cooling break” (pausa para la hidratación de los jugadores para, en teoría, paliar el efecto de las altas temperaturas y preservar la salud de los jugadores), se extendió a la espera de que la cadena televisiva FOX, propietaria de los derechos para USA, emitiese en su totalidad la publicidad contratada. Como decía Jurgen Klopp, tal vez de manera algo exagerada, pero con su fondo de razón, “un día dejará de interrumpirse el fútbol para poner anuncios y se interrumpirán los anuncios para poner fútbol”. Y, para cerrar este tema, una anécdota: a la hora de la disputa de ese partido, la temperatura en el Estadio Azteca era de 24 ºC… ¿era realmente necesario el “cooling break”?

Pero, al final, el fútbol, el deporte como tal, puede con todo y, una vez más, quien más, quien menos, se volverá a sentar delante del televisor para disfrutar del mayor acontecimiento futbolístico del planeta. Aprovechemos, pues: nos quedan 36 días y 100 partidos para disfrutar, aprender y hasta sufrir.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVEL_esp, Sobre la Copa del Mundo de USA, México y Canadá – VAVEL España

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