Dos Lionel, Messi y Scaloni, comandan esta selección argentina

Argentina, encomendada a su carácter y a Messi

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Llega Argentina a esta final ante España habiendo dejado muchas dudas en su juego, pese a haber tenido un camino que se puede considerar como bastante asequible; de hecho, es la primera selección en la historia de las Copas del Mundo que ha llegado a las semifinales sin haberse enfrentado a ninguna selección clasificada en el top-10 de la clasificación FIFA en el momento de disputarse el Mundial. Aunque algunos planteamientos interesados atribuyan este hecho a un supuesto trato de favor a Argentina obedeciendo ciertos intereses, lo cierto es que si Uruguay (siendo segunda en su grupo) y Portugal (ganando el suyo) hubiesen cumplido los pronósticos, muy diferente hubiese sido su camino. Sin embargo, pese a este, en teoría, apacible camino, Argentina ha sufrido bastante más de lo que cabría prever y, aunque completó una primera fase inmaculada con tres victorias en otros tantos partidos (Austria, Jordania y Argelia), ha sufrido notablemente en todos los partidos de eliminatorias: se fue a la prórroga con Cabo Verde en dieciseisavos de final (tres a dos fue el marcador final), repitió resultado con Egipto en octavos, tras remontar un uno a dos adverso en los últimos diez minutos del tiempo reglamentario con cierta polémica arbitral, repitió prórroga ante Suiza en cuartos de final para acabar imponiéndose por tres tantos a uno y volvió a remontar en los últimos diez minutos el tanto inicial de Inglaterra en las semifinales. Pero, agarrados a Messi – 8 goles hasta el momento -, y al carácter y a la competitividad del equipo que les lleva a no rendirse hasta el último segundo, han llegado a disputar su segunda final de Copa del Mundo consecutiva y poder defender, así, el título logrado en Catar ‘2022.

Y, tomando como referencia este último Mundial y viendo las similitudes y diferencias con el equipo actual, podemos empezar a comprender las dificultades que ha ido enfrentando Argentina en la presente edición. Si miramos la alineación de la final del Catar ‘2022 y la comparamos con la formación tipo de Scaloni en este Mundial de 2026, vemos que hay muy pocas diferencias en cuanto a hombres, pero alguna muy significativa en lo que ésta conlleva a efectos de la ejecución final. La defensa es exactamente la misma, con el único cambio de la entrada de Lisandro Martínez por Nicolás Otamendi en el centro de la defensa y tres de los hombres de mediocampo también repiten – Rodrigo de Paul, Alexis McAllister y Leandro Paredes – pero, y aquí viene la gran diferencia, en Catar ‘2022 el cuarto integrante del mediocampo – o tercer delantero en fase de ataque -, era Ángel di María, un jugador con un perfil mucho más regateador y encarador de sus compañeros de línea y un perfil que no tiene esta Argentina actual… o solo lo tiene en las figuras de Giuliano Simeone (que solo ha sido utilizado como titular por Scaloni en el último partido de la fase de grupos frente a Jordania, con todo ya decidido, y en las semifinales frente a Inglaterra) o de Nico González, únicamente utilizado como revulsivo y no siempre en mediocampo sino como también como lateral izquierdo. Y, por completar la comparativa, en la delantera también repiten Leo Messi y Julián Álvarez o Lautaro Martínez, aunque en Catar fue más titular el primero y en México, Canadá y USA, la cuestión está bastante más repartida, con el del Atlético de Madrid apareciendo más en las rondas eliminatorias que el del Inter de Milán.

Argentina, durante el Mundial de Catar ‘2022

Yendo un poco más al detalle, esta Argentina tiene un centro de la defensa bastante solvente – si bien a Lisandro Martínez le falta altura (1,75 m) para ser un central dominante en el juego aéreo – y que flaquea bastante en los laterales, en el derecho, sobre todo, con Nahuel Molina: el gol de Anthony Gordon para Inglaterra en las semifinales es un ejemplo perfecto de lo que no debe hacer un lateral, perdiendo de manera grosera la posición y la marca de su rival.

Y, en mediocampo, viene la mayor diferencia de esta Argentina y la que le está causando mayores problemas de creación de juego y de intimidación del rival: la ausencia de un regateador, la ausencia del rol que representaba Ángel di María hasta el Mundial 2022. Comenzó Lionel Scaloni este Mundial de 2026 tratando de transponer el esquema de Catar situando a Thiago Almada como tercer delantero en la posición de di María y manteniendo al trío citado – Enzo Fernández, de Paul y McAllister – en mediocampo; pero el pobre rendimiento de Almada hizo que, para las rondas finales, introdujese un cuarto mediocentro, Leandro Paredes, para conformar, definitivamente, un cuarteto en mediocampo. Pero, en cualquiera de los dos casos – con Almada o un cuarto centrocampista puro -, el problema es similar: acumulación de perfiles en mediocampo que tienen tendencia a la zona central y ausencia de jugadores específicos de banda: si bien Paredes o McAllister (más posicionales y pivotes, sobre todo, el primero), de Paul (más pasador), Enzo Fernández (más box-to-box o ‘rompedor’ de líneas) o Thiago Almada (más mediapunta) tienen características diferentes y algunos parten, en esta selección de Scaloni, de posiciones más “lateralizadas”, todos tienen tendencia a acabar confluyendo “en el centro del centro del campo”, privando así al equipo de fluidez y de las alternativas en ataque que podría aportar un regateador puro.

Pero, pese a todos los pesares señalados y al añadido que Messi está poco acompañado en la faceta goleadora – Lautaro ha marcado tres goles y Julián Álvarez, apenas uno (espectacular, dicho sea de paso) – Argentina ha llegado hasta esta final guiada por el propio Messi, una vez más, en un rol estelar, batiendo unos récords que lo elevan, todavía más, a la categoría de mito y abrazada a una confianza y a un carácter que hace que el equipo no desfallezca hasta el pitido final. Y, como prueba, solo quedaría darse una vuelta por Cabo Verde, Egipto, Suiza o Inglaterra.

Leo Messi, máximo goleador de la historia de las Copas del Mundo y gran esperanza argentina

P.D.: En clave España, una de las claves (valga la redundancia) de la final puede estar en juntar bien las líneas, tal y como hizo ante Francia y su arsenal ofensivo, para evitar que Messi o algún medio que se incorpore pueda flotar entre líneas y crear peligro. Valga como prueba que el gran error de Inglaterra en los minutos finales de la semifinal no fue tanto el acumular centrales y privar al equipo de alternativas para salir al ataque en transiciones, sino dejar esos huecos entre líneas que aprovechó Messi, como parecía fácil pronosticar, para dar dos asistencias de gol a Enzo Fernández y Lautaro Martínez.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVELesp, Argentina, encomendada a su carácter y a Messi para la final del Mundial 2026 – VAVEL España

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