España, campeón del mundo '2026

Conclusiones de un gran campeón del mundo

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Consiguió España el pasado domingo en Nueva York su segunda estrella y merece la pena pararse a hacer unas reflexiones sobre el antes, el durante y el después. Vamos allá:

La lista definitiva de Luis de la Fuente para esta Copa del Mundo dio la impresión de ser una lista bastante compensada, compuesta por jugadores de muy diferentes características y, lo que es más importante, con capacidades individuales para cubrir cualquier situación de partido: algunos laterales más combinativos (Pedro Porro, Alejandro Grimaldo) y otros más verticales (Cucurella, Llorente), centrales con gran salida de balón, medios más de pase y conducción y otros más “de ir a la guerra” (Gavi), extremos puros (Lamal, Williams…) y teóricos centrocampistas con capacidad y con costumbre para jugar partiendo desde la banda (Baena), teóricos ‘9 falso’ y delanteros más ‘tipo tanque’ (Borja Iglesias)… si bien es cierto que, al final, ciertas circunstancias  – fundamentalmente, jugadores que llegaron renqueantes, semi-lesionados o, incluso, jugadores que se han lesionado durante el campeonato – y el excelso rendimiento de algunos futbolistas – Unai Simón, la defensa, Rodri, Olmo, Fabián… – han hecho que la gran mayoría de minutos relevantes los jugasen siempre los mismos jugadores.

Otro detalle que no se debe pasar por alto es que el seleccionador decidió contar, para la lista definitiva de esta Copa del Mundo y para definir las titularidades, con una gran mayoría de jugadores de “su guarda pretoriana”, de “los que nos habían llevado hasta aquí”, independientemente de ciertos estados de forma o de la opinión mayoritaria de ciertos sectores: la portería es un gran ejemplo. Nunca podremos discernir, al ciento por ciento, si es positivo o negativo y, como todo en este deporte, depende mucho del resultado final, pero un planteamiento similar como es el Thomas Tuchel en Inglaterra (unido a ciertos errores tácticos en ciertas fases de ciertos partidos, toda la verdad sea dicha) desató y ha desatado feroces críticas en Inglaterra. Pero es que, además, esta forma de trabajar de Luis de la Fuente no se circunscribe solo a los dos años de preparación para el Mundial – como es el caso de Tuchel, por seguir con el mismo ejemplo – sino que viene de mucho más atrás: lleva en la estructura de la Federación Española de Fútbol desde 2013 y ha pasado por casi todas las categorías importantes de la selección, contando en sus diferentes etapas, y aquí viene lo importante, con muchos de los jugadores que han alcanzado la gloria en este Mundial ‘2026: Unai Simón, Mikel Merino, Rodrigo, Álex Baena, Marcos Llorente, Fabián, Mikel Oyarzábal… Y este hecho, según palabras del propio seleccionador “ha sido decisivo”.

Luis de la Fuente, seleccionador español, celebrando el título mundial

Dicen las “malas lenguas” que Luis de la Fuente no es un gran estratega táctico; que basa toda su gestión y su éxito en ser un extraordinario gestor de personas y de grupos y que la excelencia táctica la aportaba el que era su segundo, Pablo Amo, hasta su marcha del cuerpo técnico de la selección en febrero de 2025. Pero no es menos cierto que ha sabido adaptarse y ser flexible ante las circunstancias que se ha ido encontrando: las limitaciones físicas de todos los hombres destinados a jugar por banda en ataque (Lamal, Williams, Víctor Muñoz, Yeremi Pino) han hecho que de la Fuente haya tenido que cambiar el modelo de ataque por bandas, que fue la clave de nuestro triunfo en la Eurocopa de 2024, por un modelo más de juego “por dentro”, sobre todo, con la inclusión de Álex Baena como teórico reemplazo de Nico Williams; el atlético partía de banda izquierda pero abandonaba con frecuencia esa posición para juntarse con los tres hombres de mediocampo, ayudando en la construcción del juego, dejando el carril izquierdo para las subidas del incansable Marc Cucurella. También debe reconocerse a Luis de la Fuente su notable acierto con los cambios para modificar partidos y encontrar alternativas o soluciones cara al gol y la valentía que ha tenido para dejar fuera, ya que su momento de forma no era el ideal, a un jugador como Pedri, sobre el cual parecía estar destinado a girar el juego de España. Y, reincidiendo en su papel como gran gestor de grupos, el seleccionador ha conseguido ensamblar un grupo sin egos, un grupo en el que todos sean solidarios y todos luchen por el bien común y se sienten parte del éxito, sin importar si son titulares o suplentes, si juegan más o menos minutos, un grupo en el que tampoco importa que uno juegue para tal o cual equipo o si es de tal o cual región de España, circunstancias que, aunque ahora nos parezcan prehistóricas, pasaban no hace tanto tiempo en nuestra selección.

Y esta España ha ido de menos a más, de partidos en los que era irreconocible (el debut ante Cabo Verde) a eliminar, sucesivamente en la fase de eliminatorias, a Austria, Portugal, Bélgica, Francia (teórica gran favorita del torneo) y Argentina; y practicando un juego, sobre todo en los dos últimos partidos, excelso, un juego de dominio absoluto del rival, un juego con el que dio la impresión de no sufrir prácticamente nada ante la selección, sin duda, con más potencial en ataque del campeonato (Francia) y ante Messi (Argentina como equipo tenía mucho menos potencial que otros rivales a los que nos hemos enfrentado pero Messi siempre será Messi, con 22 años, con 39 o con 66).

Algunos dicen que el juego de España fue aburrido, que invitó al tedio en muchas fases de los partidos… pero la realidad es que, frente a esta selección, todos los rivales, convencidos de la superioridad técnica de España, se encierran atrás y España debe hacer un trabajo, en cierto modo, de “picar piedra”, de derribar los muros poco a poco… No podemos obviar que, como consecuencia de lo anterior, los goles de la victoria tardaron en llegar en (casi) todos los partidos, pero, como queda dicho, España no sufrió prácticamente nada, salvo la lógica incertidumbre de una competición tan exigente como esta en la que un mínimo error o acierto (humano) puede dejarte fuera o meterte dentro: el providencial despeje de Pau Cubarsí en la final es un ejemplo palmario.

Rodri, MVP del torneo

Y Rodri… Un Rodri que llegó al Mundial teóricamente renqueante, que, tras su lesión de cruzado de hace un año y medio, no había dado (casi) nunca la impresión de haber recuperado su nivel pero que ha dado una masterclass en este torneo, siendo el pilar absoluto de esta selección y, de hecho, siendo nombrado MVP del mismo. Ya lo dijo un tal Guardiola hace cuatro o cinco meses: “¿Sabéis cuándo va a volver a estar Rodri al 100 %? Para el Mundial.”

Y, por aportar una reflexión que pudiera parecer negativa o que, tal vez, nos de una idea de cómo está evolucionando el fútbol mundial en los últimos años, parémonos a pensar lo siguiente: España ha dominado el fútbol de selecciones en el ciclo 2008-2012 (dos Eurocopas y un Mundial) y lo está dominando en el ciclo actual (una Eurocopa y un Mundial, de momento) pero… ¿cuántos jugadores de esta selección campeona del mundo en Nueva York serían titulares en la España campeona en Johannesburgo en 2012? Lamine Yamal (por Pedro), seguro; probablemente, Cucurella por Capdevila y a Rodri habría que hacerle un hueco, no cabe duda, pero ¿renunciando a…? Y poco más.

¿Y el futuro? Pues, no cabe duda de que hay una gran base, que una gran mayoría de este grupo de 26 llegará a disputar la Eurocopa de 2028 y el Mundial de 2030 (a disputar en suelo español, en principio) y que es lógico que siga creciendo, tanto por su cohesión como grupo como por el crecimiento individual de los más jóvenes… pero no es menos cierto que un Mundial o una Eurocopa son torneos tremendamente duros, tremendamente difíciles, que muchas veces se deciden por detalles y en los que cualquier circunstancia puede dejarte fuera; de hecho, en la reciente final frente a Argentina, el citado despeje de Pau Cubarsí, tantas veces destacado, nos salvó de lo que pudo ser una cruel derrota: equiparable en trascendencia a la parada de Iker Casillas a Robben en la final de Sudáfrica, esa acción nos libró de haber perdido el título sin que el rival hubiese disparado a puerta. Por ello, disfrutemos, de lo que hemos conseguido y de lo que somos: la mejor selección del siglo XXI, algo absolutamente inimaginable para los que ya tenemos unos cuantos años.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVELesp, Conclusiones de un gran campeón del mundo – VAVEL España

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