Los jugadores del Girona, desolados tras perder la categoría (Foto: sport.es)

Girona: en dos años, del cielo al infierno

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La historia del Girona en los últimos años no puede glosarse sin la figura de Míchel, el preparador originario del madrileño barrio de Vallecas, que tomara las riendas del club gerundense en el verano de 2021, con el equipo militando en la Segunda División del fútbol español. Antes de llegar a Girona, ya había más luces que sombras en el desempeño de Míchel: en los otros dos clubes en los que había trabajado, había logrado sendos ascensos a Primera – con el Rayo Vallecano en la temporada 2017/2018 y con el Huesca en la 2019/20 -; si bien es cierto que su desempeño en Primera en los dos conjuntos estuvo muy por debajo de las expectativas y sería cesado en ambos casos antes de finalizar la temporada.

Pero en Girona viviría el madrileño un auténtico cuento de hadas, con un final muy abrupto, eso sí; y posiblemente, injusto, si valoramos en su conjunto los cinco años que ha permanecido en la capital catalana. Nada más llegar, consiguió el tercer ascenso de su carrera en la temporada 2021/22, que a su vez significaba el segundo en la historia de la entidad: tras quedar sexto en la clasificación regular, eliminó en la semifinal al Éibar en una confrontación dramática – perdería la ida en casa para remontar en Montilivi – y en la final al Tenerife tras empatar en casa e imponerse claramente en tierras canarias.

La temporada 2022/23 supuso un cambio de parámetro o, al menos de resultados en la trayectoria de Míchel como entrenador: donde tanto en Vallecas y en Huesca había sido cesado en sus primeras campañas en Primera, en Girona mantuvo al equipo en una cómoda décima posición. Y, en la campaña, 2023/24, el gran hito, la gran “explosión” de este Girona: la primera clasificación de su historia para una competición europea, con los añadidos de que ésta fuera la Champions y de conseguirlo tras clasificarse en tercera posición solo por detrás de los (casi) inalcanzables Real Madrid y Barcelona.

Y la subsiguiente temporada 2024/2025, se vivió navegando entre la infinita ilusión por disputar esa mágica e inesperada Champions y la constatación de que, como consecuencia inmediata de tamaña hazaña, al equipo le iba a costar mucho mantener el nivel en La Liga. Y ambas cosas se cumplieron: pese a lograr apenas 3 puntos en 8 partidos de la liguilla de la Champions (gracias una única victoria frente al Slovan de Bratislava), jugadores y aficionados vivieron un sueño al poder enfrentarse a equipos como PSG, Liverpool, AC Milan, Arsenal… por citar solo los más potentes en el concierto europeo; pero haber hecho una campaña 2023/24 muy por encima de tus posibilidades, motivó, al margen del ya consabido desgaste por jugar entre semana y partidos tan exigentes, que los jugadores más destacados del equipo fueran captados por equipos de superior nivel deportivo y económico, descapitalizando así el equipo y privándole de algunas de sus mayores referencias: Artem Dovbyk, Aleix García, Eric García, Savinho, Yan Couto…

Míchel, celebrando la clasificación del Girona para Champions (Foto: sport.es)

Y, si bien la salida de los tres primeros responde sin más a las leyes del mercado, el caso de Savinho y de Couto, nos lleva a otro aspecto que no es baladí: la multi-propiedad de equipos en este fútbol moderno y las implicaciones legales y deportivas que tienen. Si nos paramos brevemente en las implicaciones legales, la normativa indica que un solo propietario (o grupo) no puede tener más del 30 % de las acciones de dos equipos que disputen la misma competición europea. El Girona es miembro del City Football Group, cuya ‘estrella de la corona’ es el Manchester City y, para que el club catalán pudiera disputar esa Champions 2024/25, el fondo propietario hubo de llevar a cabo una ‘trampa legal’ diluyendo temporalmente, y a través de un fideicomiso, su participación en el Girona del 47 al 30 %. Por hacer un paralelismo de la línea tan fina que separa estas cuestiones, cabe recordar aquí que el Crystal Palace no pudo disputar esta temporada la UEFA Europa League que le hubiera correspondido como campeón de la FA Cup porque su propietario, John Textor, tenía en ese momento más de un 30 % de las acciones tanto del club inglés como del Olympique Lyon francés y ambos habían obtenido clasificación para UEFA Europa League. Conclusión: el Crystal Palace fue “relegado” a la UEFA Conference League, de la cual acaba de salir campeón, por cierto.

La experiencia y la historia reciente demuestran que, en este tipo de multi-propiedades, los equipos “nodriza” tienen (casi) todas las de ganar y los clubes “subsidiarios” muchas que perder. Uno de los ´modus operandi’ de este tipo de estructuras es ceder jugar del equipo más poderoso al menos: en teoría es un win-win de manual: el equipo más poderoso cede a un jugador, con el que no cuenta a corto plazo, para que vaya ganando minutos y experiencia y el menos poderoso puede disfrutar, una o dos temporadas, de un jugador al que no podría acceder con las leyes tradicionales del mercado. Pero la realidad, en muchas casos, demuestra lo contrario:  si la cesión sale mal, el equipo subsidiario es el más perjudicado porque tiene menores recursos futbolísticos y puede soportar peor el pobre rendimiento de alguien supuestamente incorporado como refuerzo de nivel; y si sale bien, o bien el futbolista será inmediatamente recuperado por su club propietario o, al revalorizarse el jugador, no podrá pagarlo por el aumento de su cotización y las reglas del fair-play financiero. De hecho, este último fue el caso del Girona con Savinho, en concreto: su gran temporada 2023/24 hizo que el club catalán no pudiese contar con él para la campaña siguiente, con la participación en Champions, y pasase definitivamente al Manchester City (legalmente, en el momento de su cesión Girona, pertenecía al Troyes, otro equipo del City Group).

Savinho, ya con la camiseta del Manchester City (Foto: bbc.com)

Y si ya la temporada 2024/25 fue dura en Girona – si salvamos el maravilloso ‘caramelo’ de la Champions -, con un 16º puesto, al borde del descenso, como clasificación final, la 2025/26 ha confirmado muchos temores y el final de este ‘cuento de hadas’: un descenso en la última jornada que deja constancia de dos cuestiones. La primera, el enorme desgaste que supone jugar la Champions para cualquier equipo, pero, sobre todo, para aquellos menos poderosos y con menos recursos económicos – hablando solo del fútbol español, cabe recordar que el Celta de Vigo en 2004 y el Villareal en 2011 descendieron a Segunda el mismo año de disputar la Champions -.  Y la segunda, lo imprevisible (y, por tanto, maravilloso que es este mundo del fútbol, aunque esto hoy no consuele en Girona): de igual forma que, posiblemente, el Girona no tenía equipo en la campaña 2023/24 para alcanzar la tercera plaza y la clasificación para Champions, mucho menos era una de las tres peores plantillas de esta campaña para haber perdido la categoría.

Se cierra un ciclo en Girona; su arquitecto, Míchel, abandona el club, se dice que con destino al Ajax. Pero la estructura está ahí y no sería de extrañar que Delfí Geli y Quique Cárel, a la sazón presidente y director deportivo, conformasen otra vez un nuevo proyecto para estar de forma inmediata de vuelta entre los grandes.

NOTA del AUTOR: Escrito para @VAVEL_esp, Girona: en dos años, del cielo al infierno – VAVEL España

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